En la actualidad, muchas ciudades enfrentan desafíos en su gestión pública y desarrollo urbano, y no es excepción el caso de Popayán. La lucha por enfrentar la baja popularidad y las críticas a la gestión ha llevado a un enfoque de permisividad y concesiones en lo que respecta al espacio público, generando consecuencias que amenazan con alterar la esencia misma de la urbe. A medida que se abren las puertas a esta tendencia, se evidencian comportamientos callejeros que podrían dejar marcas profundas y difíciles de revertir con el tiempo, hoy enmascaradas de un denominado “Urbanismo Táctico”.
Un Cuatrienio de Desafíos y Decepciones
Desde promesas extravagantes, como la construcción de un
teleférico en una ciudad con necesidades urgentes de infraestructura, hasta
intentos repetidos de concesiones y privatizaciones, la administración ha
estado marcada por desaciertos y falta de transparencia. Muchos proyectos
anunciados no han llegado a iniciarse, y otros permanecen inconclusos.
¿Urbanismo Táctico?
Espacios urbanos para la Gente…claro, un objetivo que debe
lograrse. La Táctica es de una dudosa calidad, como no pocas acciones de esta
administración, y que puede consolidar un equivocadísimo “urbanismo táctico”.
El espacio público debe considerarse como un activo fundamental
para el funcionamiento de la ciudad, ya que bien diseñado y gestionado
tiene un impacto positivo en su economía, medio ambiente, seguridad, salud,
integración y conectividad, por lo tanto, la calidad de vida de las personas en
las ciudades está directamente relacionada con el estado de sus espacios
públicos y esta Administración sí que ha sabido sacrificarlo, cederlo y
entregarlo sin restricción al uso irrestricto y sin acción.
El urbanismo táctico es un proceso colaborativo (no
implica la mediación de un negocio) para recuperar el espacio público y
maximizar su valor compartido. Se realiza a través de intervenciones
ligeras, de bajo costo y rápida implementación para explorar
alternativas de mejora de los espacios. Si las intervenciones traen beneficios
y cambios positivos para la población, podrían realizarse de manera
permanente. Se basa en actuaciones provisionales y reversibles, asequibles
y ágiles.
En esencia, y mal entendido, aquí se ha procedido con un
proceso sesgado (no colaborativo) que beneficia un negocio (venta de bebidas,
licores, cafés), que no ha sido una intervención ligera pues las inversiones en
estas plataformas no es despreciable, su implementación ha tardado un tiempo
importante, y no se constituyen en intervenciones temporales por sus
características y costos, y que si tienen inmersos costos de los recursos
públicos pueden convertirse en elementos de detrimento patrimonial.
Adicionalmente ponen en riesgo la circulación tanto de peatones como de
automotores.
El concepto es funcional sin duda, y en muchos lugares ha
logrado implementarse. Es una estrategia dentro de la arquitectura de la ciudad
que puede ser útil para recuperar espacios perdidos o aportarle nuevos a la
comunidad en general, no solo a unos cuantos. Esto implica inclusiva
estrategias de “Traffic Calming” que bien valen la pena en ciertos sectores. Solo
que aquí a alguien se le ocurrió el negocio y como para eso si hay oídos en
este cuatrienio, se inventó unas balurdas plataformas y así se le ocurrió
concebirlo, y el tema aparte de ser un riesgo, se puede ir saliendo de control.
Aquí algunos ejemplos válidos de Urbanismo Táctico:
¿Se nota la diferencia?
Pero por supuesto! y no está inmerso el negocio en la estrategia.
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La Pérdida del Espacio Público y la Privatización
Encubierta
Uno de los síntomas más preocupantes de esta gestión es la
tendencia a ceder el espacio público a intereses privados en aras de ganar la
aprobación de la comunidad. Un ejemplo reciente es la transformación de las otrora
"noches de museos" en el centro histórico de ocurrencia una vez al
mes, en un evento llamado "café al parque", donde el espacio público
se convierte en un escenario comercial donde se venden productos y se realizan
actividades como bailes callejeros y ventas ambulantes.
La ocupación irregular y sin regulación del espacio público
por parte de negocios privados es un problema creciente y nada tiene que ver
con Urbanismo Táctico. Como si la actividad fuera a durar toda la vida, se
observan estructuras metálicas montadas en medio de las calles, ocupando una
parte significativa de la vía para establecer mobiliario comercial. A pesar de
la falta de señalización y medidas de seguridad, estas iniciativas continúan,
lo que plantea interrogantes sobre la autorización formal de tales actividades
por parte de las autoridades competentes y preocupa sobre la mala
interpretación de una estrategia que tiene claramente otros propósitos.
Establecimientos comerciales separan áreas en el espacio público
para el uso exclusivo de sus clientes, ignorando por completo las normativas de
tránsito y seguridad. Agentes de autoridad son vistos cometiendo infracciones
de tránsito, estacionándose de manera irresponsable y excediendo los límites de
velocidad, lo que debilita su credibilidad para hacer cumplir las normas que
deberían salvaguardar.
El crecimiento desmedido de ventas ambulantes, la ocupación
de espacios públicos y la proliferación de estacionamientos ilegales exponen la
falta de control por parte de las autoridades competentes. La ciudad se entrega
sumida en el caos, y la falta de acción efectiva por parte de la fuerza pública
contribuye a la erosión de la autoridad gubernamental.
Para muchos, es al menos una ocupación más lúdica y
productiva que los vehículos mal estacionados que tantos irresponsables dejan
por horas en esa línea de la vía. Pero no deja de ser una irregularidad en la
que se cede el espacio público al lucro de un privado. No hay señalización, no
hay elementos preventivos que eviten un accidente con baja visibilidad, y muy a
pesar de ello no se sabe si cuentan con la autorización formal de la
administración y las autoridades competentes. Aquí no vale ningún tipo de norma
de seguridad, ergonomía o estándares normalizados, artesanía pura.
¿Y dónde queda la coherencia? En tanto unos espacios sí son
considerados Urbanismo Táctico porque de una$ u otra$ forma$ tiene
participación la Administración actual… qué pasa con la horda de saltimbanquis
que ocupan todas las otras esquinas de la ciudad y las ventas informales en
todo el centro histórico… ¿esas no lo son? ¿esas sí son malas? Un café en esas
plataformas si lo vale, y cuesta mucho más, pero no lo vale el almuerzo y tinto
que vende la señora en la esquina de la Carrera 4ª con Calle 6ª frente a las
joyerías para todos los moto trabajadores. Seguro que saldrán muchas excusas… es
lo que desde hace 4 años tiene la ciudad.
Desafíos en Movilidad y Espacio Público
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En poco tiempo empezarán a surgir propuestas equivalentes
para irse haciendo con el espacio público sin ninguna restricción, a costa de
conflictos con la autoridad, y de las críticas históricas frente al derecho
al trabajo y ahora, a la igualdad. Nada extraño que aparezcan documentos
formales autorizando estas nuevas formas de violentar el centro histórico que
se suman a las ya conocidas en otros sectores. Hace un par de años la excusa, era la pandemia (y aún
ahora y quien sabe por cuanto tiempo más), para permitir que todas las calles
del centro histórico se hubieran convertido en una plaza de mercado donde
podía encontrarse de todo. ¿Y el Parque Caldas? ¿O la Galería Caldas? El tema es evidente falta de autoridad. En otros sectores
de la ciudad ya los propietarios de establecimientos instalan delineadores
tubulares para segregar el espacio frente a sus negocios y aledaños,
estableciendo un parqueadero “solo para clientes”, haciendo caso omiso de
toda regulación. Y la única autoridad para utilizar dispositivos para la
segregación, señalización y demarcación de espacios en las vías de la ciudad
es la Secretaría de Tránsito. De nuevo inoperante. Estos elementos se registran en varios sitios de la
ciudad, especialmente en las zonas de los “san andresitos” del centro, el
IDEMA, la esmeralda, y evidentemente empieza a extenderse su uso, sin
jornadas de la autoridad que decomisen los elementos como corresponde. Las autoridades sin acción, ¿y cómo va a ser posible que
actúen si son los primeros en incumplir las normas? Y es que la misma autoridad
la primera en hacer zigzagueo entre los vehículos, estacionar sobre la cebra,
acometer sus desplazamientos con exceso de velocidad y ni se diga del mal
parqueo, el temor es tal que se adueñan de cuadras y hasta intersecciones
enteras para disponer de sus automóviles particulares como en la intersección
de la glorieta del barrio bolívar frente a “San Victorino”. Es evidente también que la ausencia de cultura es un problema serio, y los más cultos resultan por ser los más altaneros a la hora de instalarse equivocadamente en el espacio público. Pero, si la fuerza pública hace mal uso de espacios, con qué moral se corrige a un ciudadano, y mucho menos trata de imponerle un comparendo. Una falta de coherencia en una institución cuestionada en diversos aspectos. |
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En esta época de elecciones, la batalla es feroz por ganar el favor de las audiencias, pero se nos está olvidando como muchos de los que buscan ese favor, han sido permisivos con los fenómenos anómalos que vivimos actualmente, y sin embargo buscan una “nueva oportunidad”. La política está llena de vacíos y es “dinámica”.
La invasión del espacio público en sectores como La Esmeralda y el centro histórico avanza ferozmente y sin control, pese a los ingentes reclamos de la comunidad en cada zona.
Las acciones de la fuerza pública son nulas, porque también se
alimentan de la opinión pública, y brillan por su ausencia en donde su imagen
puede verse comprometida.
Los controles a cédula de motociclistas ni se aproximan por esas zonas, menos los controles de tránsito a la movilidad y mal parqueo. Recuperar estos espacios será una muy difícil tarea para la administración entrante y hasta ahora solo contados plantean una estrategia coherente, con conocimiento y ejecutable.
La falta de regulación en la ocupación del espacio público y
la proliferación de ventas ambulantes también contribuyen a un ambiente caótico
y desorganizado.
Las ventas en semáforos, y la aparición casi diaria de
negocios que se instalan en separadores, aceras y zonas peatonales va en
incremento.
Si bien la situación económica de muchos como consecuencia de
la misma situación económica del país es difícil, no puede decirse que la
recuperación de la ciudad en términos de empleo haya sido la mejor, pues el
crecimiento de la informalidad por toda la ciudad es exagerado.
La fuerza pública nuevamente una gran ausente.
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En el sector de las Clínicas, en el cruce de la Carrera 6ª con la Calle 15N, un frontal vicio en contra de la movilidad y la clara falta de cultura de muchos, pues este es solo un ejemplo, acometiendo una maniobra de retorno cuando el radio de giro no es suficiente y se frenan los dos flujos norte y sur. En 2019 se le indicó a movilidad futura la instalación de elementos de canalización y seguridad vial que evitaran estos vicios de comportamiento y nunca fueron instalados, argumentos muchos, acción muy poca. El asunto es que el tema de movilidad se hace cada vez más critico y los fenómenos que la impactan se multiplican sin una acción correctiva que la mejore. Los pasos peatonales construidos con el propósito de atender a personas con discapacidad son frecuentemente utilizados de forma incorrecta, sin lograr resolver adecuadamente los problemas de movilidad que enfrentan. Estos pasos siguen implementándose hoy en la calzada lenta de la vía panamericana, y no serán otra cosa que retornos para motociclistas por las condiciones de acceso en las que quedan. Lo naturalmente evidente es que personas con discapacidad crucen las vías en los sitios en donde adicionalmente tienen control de semáforo, minimizando el potencial de accidentes. No hay un solo lugar de la ciudad en donde cualquier espacio pocamente libre en la ciudad, no se convierta de inmediato en un estacionamiento.
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Este fenómeno se acentúa en el centro de la ciudad que, como
ya tiene cedido el espacio publico a toda clase de ventas y negocios, se vuelve
un entorno difícil de recuperar para los ciudadanos.
La fuerza pública omitirá hacer cualquier intervención, y
las argumentaciones van de un lado a otro, sin que la acción efectiva de la
autoridad pueda observarse.
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Como en tantos lugares, los habitantes de calle y en proceso de migración, ante la inoperancia de la administración, se han convertido en los encargados de hacer regulación a cambio de unas monedas. Se pone en riesgo la vida de los actores viales porque estas personas no están preparadas, ni adquieren responsabilidad frente a sus acciones. Como actuar en este sentido es impopular, la fuerza pública y la administración municipal no han hecho nada para corregir el fenómeno. |
En contraste, los guardas viales que sí se pagan con dineros de los contribuyentes, hacen regulación para los privados en centros comerciales y el terminal, y en las obras de Movilidad Futura siendo esa una obligación de sus contratistas.
El ámbito de la movilidad urbana enfrenta retos de gran envergadura. Las obras de infraestructura vial muestran deficiencias notables en cuanto a calidad y tiempo de ejecución, lo que repercute en el flujo vehicular y la seguridad de los peatones.
A los ojos de todos los ciudadanos, el estado de las obras
sobre la calzada lenta de la vía panamericana es de extrañar. Son claras las
deficiencias en los niveles del pavimento terminado, se desconoce si se
aplicaron medidas como el IRI para los tramos intervenidos, y en conjunto se
observan problemas de pendientes y drenaje superficial.
Falencia en los tiempos de terminación de las obras son más
que evidentes, completan poco más de ocho meses en construir andenes, unos
vados peatonales retornos de motocicletas, y sardineles.
Por la falta de acción de autoridad, una vía que fue
construida en dos carriles ha vuelto a ser de un solo carril, pues las ventas
frente a olímpica en los baúles de los carros ya retornaron, y el resto del
trayecto se ha convertido gradualmente en el estacionamiento de toda la vida.
Acciones…ninguna!
Conclusión: Reconstrucción Urbana y Restauración de
Confianza
La ciudad se enfrenta a un crítico punto de inflexión en su
desarrollo. La permisividad en la ocupación del espacio público y la falta de
regulación han erosionado los cimientos de la identidad urbana y la calidad de
vida de sus habitantes. La desidia y la falta de acción coherente por parte de
las instituciones gubernamentales han contribuido a agravar esta situación, lo
que exige una reevaluación profunda de las políticas y enfoques actuales.
Para revivir la ciudad y restaurar la confianza de la
comunidad, se requiere un esfuerzo concertado y un compromiso genuino de todas
las partes interesadas. Es esencial promover una gestión transparente y basada
en evidencia, que aborde los desafíos de la movilidad y el espacio público de
manera integral y efectiva.
Revisión y Fortalecimiento de Normativas: Las
autoridades deben revisar y fortalecer las regulaciones que gobiernan el uso
del espacio público. Esto implica establecer lineamientos claros para la
ocupación comercial, garantizando la coexistencia armoniosa entre actividades
comerciales y el disfrute público.
Aplicación Estricta de las Normativas: La
implementación efectiva de regulaciones es clave. La fuerza pública debe
asegurar que se cumplan las normativas vigentes y tomar medidas enérgicas
contra aquellos que violan las reglas. Esto incluye la erradicación de
ocupaciones ilegales y la regulación del tráfico vehicular y peatonal.
Educación Ciudadana y Cultura Cívica: La formación y
sensibilización de la comunidad es esencial. Campañas de educación ciudadana
pueden promover el respeto por el espacio público y la importancia de seguir
las normativas de tránsito. La construcción de una cultura cívica sólida es
fundamental para el éxito a largo plazo.
Inversión en Infraestructura y Mantenimiento: Las
obras de infraestructura deben cumplir altos estándares de calidad y ejecutarse
dentro de plazos razonables. Asimismo, es crucial mantener adecuadamente las
vías, espacios y equipamientos públicos existentes, evitando su deterioro y
pérdida de valor.
Responsabilidad Institucional y Transparencia: Las
instituciones gubernamentales deben asumir la responsabilidad de manera firme y
transparente. Rendición de cuentas sin demagogia ni alabas, informes periódicos
y un compromiso con la mejora continua son esenciales para restaurar la
confianza y el respeto hacia la gestión pública.
Es necesario vivir en Popayán, residir en ella, no solo venir los fines de semana a la "casa quinta", y recorrer
sus calles todos los días para observar que aún falta mucho y que el retroceso
ha sido inmenso en este período. Nos van a entregar una ciudad a medias, con
recursos menoscabados, con serios problemas que siguen pendientes de vieja data
y que prometieron resolverse, con la autoridad y gobernabilidad erosionada,
cuestionada.
En última instancia, enfrentar los desafíos de la pérdida del espacio público y la erosión de la autoridad no será tarea sencilla, pero es un paso ineludible para construir una ciudad más vibrante, habitable y sostenible.
Esta Administración demostró con claridad que no fue, que pasó sin gloria y dejó mucha pena, pero no se le enrojeció el rosto.
La reestructuración y revitalización de la gestión urbana no
solo requieren acciones concretas, sino un cambio profundo en la mentalidad y
enfoque de todos los actores involucrados. Solo a través de una colaboración
decidida y una voluntad compartida se podrá superar esta crisis y allanar el
camino hacia un futuro más prometedor.
Necesario observar qué candidato empieza a ofrecer con
demagogia promesas faraónicas solo para ser elegido, o al menos negociar sus
votos por favores de los que lleguen a la punta en esta carrera de elecciones y ya hay una mujer muy poco empática, caminando esa senda.
Necesario observar que no se elige a UN candidato, sino a UN
EQUIPO de administración y cómo se forma ese equipo, porque normalmente
hacen parte del equipo representantes de sendos aportantes y, coloquialmente, “lagartos”
ya conocidos y de carta mayor que lanzan loas eternas pero que nunca han hecho
nada que valga la pena.
Necesario ver qué Candidato ofrece y muestra su equipo de
Gobierno para elegir con claridad, y no cuál nos sorprende con nombramientos
insatisfactorios luego de las elecciones.
Recalco, es necesario vivir en Popayán, residir en ella, y recorrer sus
calles todos los días para observar que aún falta mucho y que el retroceso ha
sido inmenso en este período. El Alcalde no es uno solo, y su equipo tiene todo
que ver en los resultados. Equipo que ha tenido agendas y que no han tocado
todos la misma versión de la partitura, y muchos que ni silbar sabían.






















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