viernes, 1 de agosto de 2025

Megaproyecto de Concesión APP El Estanquillo – Popayán


 

Popayán frente al espejo: ¿cómo se prepara la ciudad para recibir el proyecto vial más grande de su historia reciente?

El pasado 14 de julio de 2025, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) publicó oficialmente los pliegos definitivos del megaproyecto de concesión APP El Estanquillo – Popayán, que tendrá una duración de 20 años y una inversión estimada cercana a los 8 billones de pesos, incluyendo la construcción de más de 60 km de doble calzada, 14 túneles, 125 puentes vehiculares, 9 intersecciones, 15 pasos peatonales, y cerca de 600 predios a adquirir.

Aunque la noticia fue celebrada por el Gobierno Nacional como una apuesta estratégica para conectar el suroccidente del país con el centro y la frontera con Ecuador, Popayán aún no cuenta con información clara, pública ni detallada sobre qué exactamente va a construirse dentro de su jurisdicción, más allá de los 15 kilómetros de segunda calzada adosada a la actual Variante Occidental, entre Piedra Sur y la intersección con la concesión Popayán–Santander de Quilichao.



Una concesión que cruza Popayán... sin que Popayán aparezca

Las publicaciones institucionales de la ANI ofrecen una imagen general del trazado, pero no definen obras específicas en la zona urbana de Popayán, ni tampoco se han divulgado estudios sobre los impactos prediales, urbanos o de conectividad. Lo preocupante es que, pese a tratarse del paso de una doble calzada de especificaciones nacionales por el borde de expansión occidental de la ciudad, no hay evidencia formal de mesas técnicas con el ente territorial como primer convocado, ni declaraciones precisas y técnicas sobre las decisiones adoptadas con la Administración Municipal frente a este corredor estratégico.

Interrogantes urbanos sin respuesta

Desde el escenario técnico, se advierte que el avance acelerado del proyecto sin concertación con el Municipio puede generar una barrera de infraestructura que divida la ciudad durante décadas, replicando errores de concesiones anteriores. Estos son solo algunos de los puntos críticos sin resolver:

è Accesos a la Vereda de Torres

è El complejo y conflictivo cruce con la Calle 5ª – vía al Tambo que Movilidad no tuvo capacidad para solucionar

è La mal lograda glorieta del Ortigal

è Los ingresos a Los Naranjos y al Megacolegio del Ortigal

è El empalme con los Patios y Talleres del sistema de transporte público

è Conexiones estratégicas como la Avenida Los Próceres, Transversal 9ª, Carrera 17, Calle 65 Norte, y especialmente la intersección con la concesión Popayán–Santander de Quilichao

Cada uno de estos puntos define la viabilidad de expansión urbana, movilidad y seguridad vial para miles de habitantes del noroccidente de la ciudad. La falta de soluciones concretas hoy implica dejar problemas estructurales sin resolver por al menos 20 años, el tiempo que durará la concesión.


Preguntas técnicas clave

Ante la falta de información pública por parte de la administración municipal, surgen algunas preguntas urgentes:

1.    ¿Cuál será la velocidad de diseño del corredor en su paso por Popayán?

2.    ¿A qué intervalo serán implementados retornos, fundamentales para evitar desplazamientos de hasta 5 km por sentido?

3.    Respecto a la transversalidad urbana tan crítica para la ciudad:

o   ¿Cuántas intersecciones se construirán realmente en zona urbana?

o   ¿Qué tipología tendrán? ¿Pasos elevados, glorietas, cruces a nivel?

o   ¿Dónde estarán los pasos peatonales? ¿Habrá soluciones para biciusuarios?

4.    ¿Cuál será el destino de la Estación de Bomberos del Norte? ¿Se garantizará su movilidad operativa?

5.    ¿Cómo se garantizará el acceso a los conjuntos residenciales existentes y en construcción, que hoy dependen exclusivamente de la variante inmersos en toda la zona de expansión?


¿Dónde está la voz de Popayán?

No hay oposición alguna al proyecto. Por el contrario, toda inversión en infraestructura es bienvenida en una ciudad que ha entregado todo por los Gobiernos de turno durante los últimos quince años, pero que, desde el terremoto de 1983, ha sido marginada sistemáticamente en los grandes planes nacionales de desarrollo vial y urbano.

El problema no es la obra. Es la ausencia total de planificación, liderazgo técnico y concertación institucional a nivel local. Una intervención de esta magnitud —una doble calzada nacional con estándares de concesión internacional— no puede desarrollarse como si Popayán fuera una simple área de tránsito. La licitación se mueve, los pliegos ya fueron publicados… y la entidad territorial guarda silencio.

Es alarmante que ni Planeación Municipal, ni la Secretaría de Infraestructura, ni la Secretaría de Tránsito hayan emitido públicamente concepto alguno sobre los impactos, requerimientos técnicos, obras complementarias o ajustes a incorporar al Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que esta megaobra exige. Y si lo han hecho, no lo han compartido ni explicado ante la ciudadanía siendo un evento de total interés TÉCNICO, no mediático. Ninguna audiencia pública se ha convocado. Ninguna sesión del Concejo ha abordado con seriedad (nuevamente TÉCNICA) el trazado de la vía. Y la ciudad entera parece aceptar con pasividad que una obra de semejante escala se construya sin participación, sin claridad, sin visión de ciudad.

Lo más grave es que Popayán parece resignarse a dejar pasar el proyecto como una “inversión del gobierno nacional”, como si su único rol fuera aplaudirlo desde la tribuna, a la vieja usanza de aceptar con pobreza que al menos van a hacer algo, sin reclamar su legítima participación como territorio protagonista. Esta es una obra que atraviesa de extremo a extremo más de 15 kilómetros del perímetro urbano de la CAPITAL DEL CAUCA. No puede seguir tratándose como si no fuera con nosotros.

Y más preocupante aún es que algunas voces que no faltan repitan, con desconcertante ligereza, que "…mejor dejar que inicie, que luego cuando inicien los diseños se soluciona la cosa...", como si los ajustes técnicos relevantes pudieran hacerse después de licitada la concesión. Esta visión ignora que una vez estructurado y lanzado el proceso licitatorio, cualquier modificación de fondo —especialmente en zonas urbanas— representa un riesgo para el cierre financiero del proyecto y, por tanto, las posibilidades de introducir soluciones urbanas reales para Popayán serán mínimas o inexistentes.

Que no nos engañe la comodidad del aplauso automático ni la resignación institucional. Este es el momento histórico para alzar la voz con criterio técnico, con visión urbana, y con responsabilidad territorial. Si Popayán no participa ahora, no tendrá cómo reclamar después.


Popayán necesita una audiencia urgente con la ANI

Popayán requiere respuestas técnicas, no solo aplausos. La ciudad necesita con urgencia:

-        Una audiencia pública con la ANI, con participación real de comunidades, gremios, universidades y expertos.

-        La publicación de los elementos que pasarán a diseño detallado del tramo urbano.

-        La definición de infraestructura transversal, peatonal y ciclorrutas.

-        La adopción de un plan maestro urbano de mitigación de impactos.


¿Y si el dinero no llega a tiempo?
Riesgos de una estructuración financiera a largo plazo

Uno de los elementos más relevantes del proyecto de doble calzada Popayán–El Estanquillo es su estructura financiera basada en vigencias futuras. Según la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y el Ministerio de Hacienda, el contrato APP contará con un respaldo de billones, comprometidos desde el presupuesto nacional mediante vigencias futuras entre los años 2029 y 2051.

Esto significa que el Gobierno Nacional no dispone hoy de la totalidad de los recursos, sino que se compromete a pagarlos de forma escalonada durante los próximos 26 años. En otras palabras, el concesionario recibirá los pagos por construcción, operación y mantenimiento del corredor de forma diferida, bajo el principio de disponibilidad y desempeño, a lo largo de al menos cuatro administraciones presidenciales futuras.

Aunque este modelo es común en proyectos de gran envergadura financiados mediante Asociaciones Público-Privadas (APP), plantea riesgos económicos, contractuales y políticos significativos, especialmente en los tramos urbanos —como el de Popayán— que requieren definiciones técnicas urgentes y soluciones urbanas complejas desde la etapa inicial:

-        Riesgo de aplazamiento del Cupo APP: Aunque ya se cuenta con aval técnico del DNP y fiscal del CONFIS, el acto administrativo definitivo del Cupo APP aún debe formalizarse y reflejarse en el Marco Fiscal de Mediano Plazo. Cualquier dilación en este proceso podría retrasar la adjudicación, reconfigurar los alcances del contrato o, en el peor de los escenarios, dejar licitaciones desiertas.

-        Dependencia de gobiernos futuros: Como el grueso de las vigencias futuras se activa a partir de 2029, su ejecución dependerá directamente de la voluntad política y presupuestal de por lo menos cuatro gobiernos posteriores. Si alguno de ellos decide recortar o reestructurar los flujos, el proyecto podría sufrir ralentizaciones o recortes técnicos.

-        Desfase entre definición técnica y ejecución presupuestal: Las decisiones clave de diseño, accesos, retornos, pasos peatonales, manejo predial y soluciones transversales deben tomarse ahora —en la etapa de estructuración no en preconstrucción—, pero muchas no podrán ejecutarse sino dentro de cinco o diez años, cuando los recursos efectivamente empiecen a liberarse. Esto puede generar un desbalance entre lo planificado y lo construido.

-        Impacto directo para Popayán: Si las obras urbanas no quedan clara, técnica y contractualmente delimitadas desde ahora, su inclusión futura será prácticamente inviable, pues modificar los diseños o ampliar el alcance después de adjudicado el contrato afectaría el cierre financiero y el equilibrio económico del concesionario. Esto puede traducirse en una vía de paso por Popayán sin pasos peatonales adecuados, sin retornos, sin intersecciones completas, y sin soluciones para la movilidad urbana.


Conclusión crítica

Popayán debe exigir ahora —y no después— la inclusión explícita, priorizada y garantizada de las obras específicas que necesita su territorio urbano: pasos estructurales, intersecciones funcionales, retornos técnicos, accesos seguros a barrios y equipamientos estratégicos, pasos peatonales integrales y conexiones para biciusuarios. Cada uno de estos elementos no puede quedar a la expectativa de una "etapa posterior" del proyecto, ni mucho menos relegado a modificaciones menores una vez adjudicada la concesión.

La única manera de asegurar su ejecución real es que se encuentren definidos, cuantificados, localizados y valorados en los anexos técnicos del contrato APP antes del acto de adjudicación. Esto significa que deben estar incluidos como componentes obligatorios para el concesionario, con presupuesto asignado y cronograma claro de ejecución. Si no es así, cualquier incorporación posterior implicaría modificar el cierre financiero, lo que es jurídicamente riesgoso, financieramente inviable y políticamente improbable. Esto no se trata de “meter un retornito”, se trata de incluir infraestructura real de intersecciones viales complejas para resolver movilidad de la ciudad.

Dejar estos temas "para después" —como lo han sugerido algunas voces institucionales— es una decisión que condenaría a Popayán a vivir por 20 años con una infraestructura desconectada, fragmentada y hostil para la movilidad interna, afectando directamente su expansión urbana, la prestación de servicios, el acceso a educación, salud, transporte público y el valor del suelo urbano.

Los recursos pueden estar técnicamente aprobados —sí—, pero si las obras no están formalizadas dentro del contrato inicial, esos recursos no estarán disponibles cuando más se necesiten. Y la historia de las concesiones previas en la región ya ha demostrado que los errores por omisión terminan pagándose con décadas de atraso y frustración ciudadana. Y no se los estamos reclamando a los de aquellos turnos que no se movieron a hacer algo…

Este es el momento de definirlo todo. No después. No con adendas. No con cartas. Ahora. En el contrato. Porque el dinero está proyectado… pero no garantizado si Popayán no lo reclama a tiempo.